La Geografía, el análisis de paisaje y los peligros en el entorno humano

El aprendizaje de la geografía en el entorno inmediato del estudiantado

Marvin Carvajal Barrantes
Geovanny Cambronero Salazar
Alfredo Muñoz Arroyo
Dulia Zúñiga Gómez
Mayo del 2010

El propósito de este apartado es el análisis de la teoría y de las herramientas que aplica el geógrafo en el estudio del paisaje, para la realización de una investigación científica de los elementos que están presentes en el entorno humano y su aplicabilidad en el ámbito de la educación secundaria.

1. La geografía y su aporte al estudio de las unidades espaciales de paisaje

El paisaje es la apariencia perceptible del espacio, el cual está formado por distintos elementos (abióticos, bióticos, y antrópicos), es decir, elementos físicos como los relieves e hidrografía y los elementos vivos como la cobertura vegetal, los animales y el ser humano. Estos elementos forman parte de un todo que funciona como un sistema abierto, donde los flujos energéticos provenientes del sol y del ser humano marcan la dinámica evolutiva del espacio geográfico en el tiempo.

Para De Bolós, el término paisaje produce palabras e imágenes que pueden ser objetivas o subjetivas. La visión que se le haga sugiere, en una primera aproximación, una especie de mosaico más o menos ordenado de formas y colores. En una segunda observación, puede insinuar la existencia de un conjunto de piezas diferentes, unas son sólidas, como los árboles las casas, las plantas, y otras son líquidas, como los ríos, los lagos, las quebradas; unas están dotadas de vida, como los animales o las plantas, otras no, tales como: las rocas y los minerales. En un tercer acercamiento, se advertirá que las diferencias son realmente acusadas, mantienen cierto orden en el espacio y que no son estáticas (De Bolós i Capdevila, pp. 3 y 4).

Según Dolfus, la geografía se preocupa, ante todo, del análisis y explicación de hechos y acontecimientos de muy diversa índole, que tienen como escenario la superficie del globo (Dollfus, 1978, pp. 7-11).

También se puede afirmar, que la geografía potencia y sistematiza las aptitudes individuales de percepción espacial, conocimiento del territorio, identidad del ser humano con su medio, así como su arraigo con este. Es decir es un excelente medio para fomentar ciertas capacidades individuales y sociales de las personas y fomentar su integración a su proceso de socialización.

Se suma a todo esto que la geografía es un saber que proporciona y hace desarrollar un buen número de destrezas mentales e instrumentales. La geografía tiene por objetivo el estudio del resultado de las relaciones del ser humano con su medio, o mejor de la sociedad y la naturaleza.

También, debe poder decir, que el espacio geográfico no es sólo el medio natural, sino sobre todo el social creado por el ser humano. Es por eso que, se considera que las cuestiones físicas, solo adquieren sentido geográfico en el marco de las transformaciones de la naturaleza por la acción social (Moreno y Marrón, 1996, pp. 28-53).

En suma, en un inicio, el geógrafo localiza, sitúa aquello que constituye el objeto de su investigación, describe y define las formas, lo cual le lleva a analizar su disposición (ubicación), su repetición, su similitud y su singularidad. Las clasificaciones se llevan a cabo interpretando los hechos localizados.

El geógrafo debe poner en primer plano de su investigación las relaciones entre la localización, la organización y la diferenciación espacial. Es por eso que, en el análisis de los diferentes paisajes, debe seguirse un enfoque sistémico y holístico o sea que sea organizado y que reúna a todos los elementos en estudio, para la comprensión del espacio existente y de la forma en que interactúan los seres humanos y el medio.


2. Espacio social y naturaleza.

El espacio social y la naturaleza son elementos inseparables de la geografía. El espacio social como objeto de la geografía solo puede ser contemplado y abordado desde una consideración espacial, incluso en sus elementos físicos y en su aparente constitución “natural”.

También se ha dicho que el territorio representa el espacio empírico construido de forma voluntaria por las sociedades humanas y constituye a su vez el principal marco de las prácticas sociales que dan lugar a los diversos espacios empíricos (Ortega, 2000, p. 543 - 530).

Estas prácticas sociales a su vez han permitido la concepción y creación de una gran diversidad de espacios sociales, los cuales de paso son integrados en el mapa mental de cada individuo, de acuerdo con sus propias representaciones de la realidad.

En su contacto con la realidad el individuo crea esquemas espaciales (Durán, 2002, p. 18). De este modo, el individuo crea su propio mapa mental del lugar que habita haciéndolo suyo. Así se puede corroborar, que cada individuo tiene en su mente un esquema o mapa organizativo de cualquier tipo de sus conocimientos. Cuando el conocimiento del que se trate es espacial o territorial, el mapa adquiere un doble significado mental y geográfico a la vez (Moreno y Marrón, 1996, p. 48).

Entonces se puede afirmar que el estudio del espacio del individuo, junto con la sistematización y aplicación de los métodos de la geografía, permiten conocer el medio en que el grupo social se desarrolla.

3. El análisis de las unidades espaciales de paisaje

En el análisis de paisaje existen diferentes escalas que permiten investigar el espacio de manera objetiva así podemos encontrar varios sistemas de escalas espaciales, como las de Cailleux-Tricart. G Bertrand. K Harrz y que se presentan a continuación:

Tabla 1

Tabla de unidades espaciales de paisaje y su correspondencia con unidades territoriales consideradas en otras ciencias.



Fuente: Tabla tomada de De Bolós i Capdevila.

Al observar detenidamente la tabla resumen, se infiere que la nomenclatura Unidades de Paisaje es una terminología relacionada con el análisis espacial que, a su vez, puede contener al resto de las subdivisiones.

De este modo, se observa que en el análisis del paisaje se puede estudiar cualquier elemento de otras subdivisiones mientras, su contenido se ajuste de manera real a esa unidad. Así las fragmentaciones (Mesogeocora, Geocora, Microgeocora y Nanogeocora) son utilizadas como referentes espaciales, para definir el área a investigar, debido a su capacidad de contener a otras unidades de análisis, mientras implican dimensiones espaciales del área de estudio.

Y en el caso de la cartografía, además de proveer de espacios cartografiados a distintas escalas, esta permite la localización exacta de cualquier lugar del globo por medio de coordenadas, dígase meridianos y paralelos. Este tipo de ubicación es muy difundida en los niveles de educación primaria y secundaria.


4. De lo regional a lo local y al barrio

Como se dijo, el espacio social como objeto de la geografía sólo puede ser contemplado y abordado desde una consideración espacial, incluso en sus elementos físicos, en su aparente constitución natural. En consecuencia, esta geografía “real” se identifica con una geografía de problemas asentada, es decir, en ámbitos territoriales definidos. Problemas de hoy en sociedades de hoy, en territorios de hoy (Ortega, 2000, p. 542).

En el análisis de la geografía real son necesarias herramientas tales como: mapas, croquis del área, brújula, libretas de campo, bitácoras y otros elementos de observación y medición como investigaciones anteriores, literatura y fotografías de donde se llevará a cabo la investigación.

Por otra parte, se dice que el territorio representa el espacio empírico construido de forma voluntaria por las sociedades humanas y constituye, a su vez, el principal marco de las prácticas sociales que dan lugar a los diversos espacios empíricos, físicos que se identifican también como espacio geográfico. Es, en lo esencial, un espacio político, el espacio construido por las prácticas políticas, un espacio de intervención, de gestión, de control, desde la escala local a la del estado y la unidad espacial creada por el geógrafo.

La existencia de unidades de menor tamaño, con carácter administrativo o político, de muy distinta naturaleza, desde el estado a la provincia y el municipio, descubre estas prácticas de orden territorial, esencialmente públicas, vinculadas con el poder político, con la capacidad del Estado.

Estas unidades políticas generalmente tienen información que puede ayudar al investigador a tener una visión ya elaborada por algunos especialistas sobre el área de estudio y puede servir de cantera para que la o el investigador tome datos y obtenga alguna visión de la unidad espacial en la cual se desenvuelve, así como mejor entendimiento y explicación de fenómenos presentes por ejemplo en el municipio.

Se dice que el espacio no constituye sólo una construcción material y una construcción mental: el espacio se produce también como un discurso. El espacio es inseparable, en todas sus manifestaciones, de un lenguaje. Es por eso que la reivindicación de lo local, caracterizada por el discurso de las geografías de la subjetividad, por un lado, y el de algunos de los discursos de las geografías radicales, no pueden contraponerse como negación absoluta de la globalidad de los procesos o de los espacios universales (Ibíd., pp. 510 - 529).

Al investigar el área asignada, los investigadores se pueden ver frente a espacios restringidos e inaccesibles, por lo cual es necesario tener información de los habitantes, donde una correcta interpretación del discurso manejado en dicho espacio debe ser plasmada en instrumentos de investigación.

Por ejemplo existen instrumentos, como el de Francisco Enríquez, los que se basan en la siguiente premisa (Enríquez, 2004, pp. 24 y 25):

Debe recordarse que la historia es el conjunto de acciones humanas vinculadas con su vida con otros y con su espacio. Por tanto hechos tan sencillos como la forma de hacer sus casas, el modo de producir, el trazado de las calles y demás, están ligados a sentimientos y necesidades humanas, en consecuencia, es necesario rescatar toda la información histórica o geográfica que puede acompañar una canción, una receta de cocina o la exaltación de una actividad deportiva o religiosa.

Por otra parte, el instrumento Cuaderno histórico del distrito, elaborado por Juan José Marín, tal como lo propone Francisco Enríquez en Estrategias para estudiar la comunidad en que vivimos es de gran utilidad en esta etapa de búsqueda de información.

También se afirma que, el espacio geográfico se configura como instancias o sistemas de relaciones cambiantes. En su materialidad se denominan sistema-mundo, “mercado mundial”, Estados, regiones, lugares, terrazgos, ciudades, mercados locales, lugares centrales, periferias, áreas industriales, centro urbano, city, suburbio, barrio, aldea, ciudad dormitorio, conurbación, megalópolis, entre otros muchos términos, que definen la trama conceptual de la geografía (Brunet, Ferras y Théry, 1993, Ortega, 2000, p. 509).

Para ubicar dichos sistemas cambiantes es factible el uso de hojas topográficas, donde además el investigador plasma elementos causales de la ocupación o forma del área de estudio. Posteriormente, podrá distinguir en ella diferentes nodos e hitos a partir de calles, áreas de comercio, plazas, parques y otros elementos urbanos o ríos, lagos cerros y otros elementos naturales.

En la ubicación de los diversos elementos espaciales de ocupación humana, se infieren detalles de importancia, ya sea social, comercial o política, que hacen que un área corresponda a la periferia o su perfil la convierta en un área central, para esto son importantes las observaciones y la suma de imágenes parciales que el espacio físico transmite y que el ser humano registra en sucesivas vivencias, visión en serie (Enríquez, 2004, p. 37-38).

También se pueden definir a las características y relaciones espaciales entre ciudades más o menos jerarquizadas desde el punto de vista funcional – o desigualmente jerarquizadas, según los sectores de actividad – sistema que anima un espacio geográfico, y define su personalidad y su unidad (George, 1973, p. 102).

De esta manera, la nueva geografía regional arraiga en lo que los geógrafos franceses han bautizados como la geografía de las representaciones. Es decir, esquemas o imágenes individuales o colectivas del espacio o entorno, equivalentes a la propia geografía, concebida también como una representación del espacio (Ortega, 2000, p. 488). Lo cual el ser humano descubre en su interacción con ese espacio cercano, y dependiendo de los problemas a los cuales sea capaz de enfrentarse.

5. La gestión geográfica y los peligros en el entorno

El enfoque denominado Análisis integral del Paisaje es sistémico, por cuanto busca examinar la dinámica e interrelaciones de los distintos elementos (abióticos, bióticos y antrópicos) imperantes en los diferentes paisajes. En otros términos, si se logra determinar la dinámica de los distintos elementos existentes en las unidades de paisaje menores, se estará en posibilidad de inferir su dinámica e interrelación con otras unidades espaciales mayores que la abarcan.

Situación que es importante para valorar, cuáles son los elementos que están provocando la estabilidad o inestabilidad del paisaje a partir de una exhaustiva indagación en los espacios de orden menor.

Se debe recordar que es la observación el primer paso de cualquier gestión geográfica. Lo propio de la observación es plantear unos problemas que deben resolverse por medio de la explicación. Una parte de estos problemas procede de datos que son inaccesibles a la observación (George, 1973, p. 18).

Al utilizar alguna teoría práctica de geografía, se podría resolver dicho problema. Por ejemplo (Vargas, 2001, p. 25):

Los geógrafos soviéticos lograron crear una geografía analítica y representativa. Analítica por medio de la aplicación del concepto de ecosistema que establecía el funcionamiento del medio natural y representativa porque se realiza una cartografía (mapas) donde se establecían las relaciones sociedad – naturaleza.

Estas relaciones nos refieren a la espacialidad de las y los habitantes y dichos datos ahondarán en explicación del mapa mental de las personas que habitan ese espacio y que nos pueden servir como elemento de ayuda para la gestión del riesgo al reconocer la fragilidad del medio, al formar parte del espacio donde se desarrolla la vida humana. Para obtener dicha información será necesaria la implementación de un código, de mapas y de croquis.

Se dice que (Harley, 1976):

... el análisis geográfico reforzado en un lenguaje espacial, adopta formas apropiadas, estableciendo no solamente la distribución de los elementos que están contenidos en el espacio, sujetos a las leyes que gobiernan su distribución, sino que examina la operatividad de los procesos en los mismos contextos espaciales(...) los conceptos geográficos referidos al espacio, se fundamentan en la experiencia, esta sin embargo, no depende solamente del conocimiento del medio físico, sino que descansa sobre la experiencia cultural acumulada en la base de las diversas sociedades...”.

La localización de la distribución de los elementos de riesgo, que han estado contenidos en el espacio a través del tiempo por medio de un lenguaje espacial, es de vital importancia para la creación de formas de prevención ante los posibles riesgos y desastres.

En resumen, para el análisis del paisaje es importante tomar en cuenta la teoría y las herramientas de la geografía y así lograr una investigación confiable.

Así se parte de que el paisaje es la parte perceptible del espacio y está compuesta por elementos bióticos abióticos y antrópicos, los cuales a su vez están formados por elementos físicos como el relieve y la hidrografía y elementos vivos como la cobertura vegetal los animales y el ser humano.

Los elementos anteriores funcionan como un todo que recibe flujos energéticos del sol y de las diferentes actividades humanas, generándose en estos espacios el marco para la interacción ser humano- naturaleza.

El espacio social y la naturaleza son inseparables, de hecho la forma de abordar el estudio del espacio social es a partir de sus manifestaciones espaciales y esto se logra gracias a que se han logrado crear subdivisiones del espacio general que permiten su estudio, algunas de estas son las de G. Bertrand, Calliux Tricart o la escala cartografíale que nos permite ubicarnos en diversos territorios.

Teniendo como base diferentes escalas de paisaje se ha hecho posible el análisis de elementos políticos, sociales, económicos y otros de la vida del planeta y la humanidad, así como permitir la localización de elementos de riesgo en un espacio dado.

6. El entorno inmediato del Colegio como recurso educativo

El entorno inmediato del centro educativo proporciona una fuente fructífera de recursos, para el desarrollo de capacidades, mediante el estudio de los hechos geográficos. No sólo actúa como fuente de ejemplos locales, para una variedad de fenómenos geográficos, sino que también proporciona un punto de entrada a los estudios sobre el mundo y representa un interés más explícito que el de los lugares más lejanos.

Esta área posee una riqueza de materiales didácticos a la inmediata disposición del profesor y el estudiantado. Dispone de una situación para el trabajo de campo, la exploración e investigación. Se pueden hacer películas, entrevistar a personas y examinar una amplia gama de problemas geográficos.

Cuando se trabaja en la localidad, se puede iniciar al joven en el enfoque de solución de problemas, es decir, van al lugar previamente establecido a resolver un problema.

Así, los profesores tendrán que comprometerse con la acción social en la solución de problemas de índole comunal.

Los lugares para las visitas deben seleccionarse cuidadosamente y reunir los requisitos de los objetivos educativos del desplazamiento (Bale, 1996, pp.71-102).

El centro educativo debe proporcionar oportunidades de aprendizaje que permitan al alumno que, por sí mismo e inducción, descubran y construyan nuevos conocimientos. Las estrategias de enseñanza consisten en procurar actividades de aprendizaje que sean adecuadas y ricas, proponiendo problemas o casos interesantes para que, con un material de trabajo que no está explícitamente estructurado, se propicie la búsqueda de soluciones pertinentes.

El objetivo de la salida o excursión escolar es que el alumno observe, busque, constate, recoja, manipule y explique lo que ve o descubre. El estudiante, cuando observa, ven lo que ya sabe, lo que quiere ver, o lo que para él y ella tiene sentido. Si se quiere conseguir nuevos aprendizajes, hay que guiar la mirada del alumno para que realmente observe.

La observación no llega a descubrir las razones profundas de las cosas y de los hechos, porque estas razones no se ven ni se tocan, sino que son fruto del pensamiento, es decir, de la interpretación y la valoración que conducen a una acción crítica y alternativa.

La didáctica mantiene el interés por la experiencia y la observación, pero las entiende como situaciones preparadas, ricas, delimitadas y compensatorias, al tiempo que considera que el docente tiene que intervenir en el proceso, para guiar la experiencia, corregir la percepción, estructurar el conocimiento, completarlo y aplicarlo (Benejam, 2003, pp. 7-12).

Las excursiones y los trabajos de campo son el alma de la didáctica de la geografía. Su función principal es permitir que el alumno descubra el conocimiento por la experimentación, para que se recupere el espacio de la experiencia vivida, el espacio de la interacción social.

La salida tradicionalmente considerada de calidad se inspira en el aprendizaje por descubrimiento y supone el momento central de un proceso que se ha iniciado y que finaliza en el aula. La salida clásica, entendida como trabajo de campo, cobra sentido en la fase de desarrollo de la unidad didáctica. Se pretende introducir nuevas informaciones, reelaborarlas con la voluntad de construir conocimientos más próximos a la ciencia y la cultura.

Suponen una continuidad del trabajo dentro y fuera del aula, en la que el paisaje ofrece la oportunidad para la observación y la experimentación sobre el que construir conceptos, utilizar lenguajes y establecer generalizaciones en una fase posterior.

Entre las actividades que se proponen están: observar, cartografiar, comprobar, dibujar, describir, interrogar, comentar, medir, comparar y otras.

Son básicas tanto en la fase inicial, consistente en enseñar y aprender a mirar aquello que se quiere ver, como en la fase posterior, destinada a reflexionar sobre lo que se ha visto, el contraste, la generalización, la comparación y la valoración (Villarrasa, 2003, pp. 13-25).

En suma, buena parte de los seres humanos viven en la actualidad en grandes aglomeraciones urbanas, con escaso contacto con su entorno y con la vida de los demás personas. Por eso, es importante ofrecer al joven un conocimiento exacto del barrio y de la ciudad en donde vive, de la vida de sus hombres y mujeres y de sus necesidades, de las costumbres, de los peligros naturales o antrópicos que le pueden afectar y de otras situaciones que eventualmente perturbarán su vida.

La enseñanza no será válida si se reduce a la explicación de ideas y conceptos, de ser así se estaría induciendo a la vivencia de un ambiente prefabricado e irreal. El profesor tiene que enseñar a observar y describir las cosas y poner a los alumnos en contacto directo con la realidad humana y física.

Es importante que las personas reconozcan los distintos elementos de su entorno, donde viven o pasan parte de su tiempo, ya que su pertenencia a esos lugares les dará la oportunidad de participar en la solución de los problemas comunitarios, y por ende estar unidos por ciertos fines comunes, lo que le lleva a una participación activa y de compromiso.

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